Un frances en Río
Para Pierre la palabra viajar no solo significa ir de un lugar a otro utilizando algún medio específico. Para él, la palabra viajar significa vivir nuevas experiencias que le hagan olvidar los problemas de la vida misma. Por eso, sus viajes son tan frecuentes. Viajes que se repiten cada vez que le saca la vuelta a su trabajo. Varias veces a lo largo de los años, deja de lado sus labores como arquitecto en París y se dirige sin rumbo fijo a cualquier lugar del mundo. Entre los destinos que ha visitado figuran Tokio, Manchester, Sydney, Milán, Shangai, Madrid, Bruselas, Los Angeles, entre otros. Hasta el momento conocía ciudades de Europa, Asia y Oceanía. A pesar de haber ido a Los Angeles y a Miami, tan solo conocía la parte norte del continente americano. Esa era una deuda que sentía que tenía que pagar pronto. Y eso fue justo lo que ha hecho desde hace un mes. Ese es el tiempo que ya va en tierras sudamericanas, conociendo las diversas ciudades de esa parte del mundo. Cuando planeó este viaje, lo hizo bajo la perspectiva de quedarse tan solo algunos días en Buenos Aires y otros más en Río de Janeiro. Sin embargo, todos sus planes cambiaron cuando por desperfectos del avión, tuvo que desembarcar en Bogota. Aquí, descubrió tanto la belleza de la capital colombiana como de sus mujeres. Quedó fascinado con todo lo que conoció. Su visita fue corta pero de largo recuerdo. Tan solo duró dos días. Después, continuó su travesía por Lima y la historia se repitió. La experiencia en esa ciudad fue única. Degustó la excelente comida peruana y conoció el centro histórico de la ciudad. Habían transcurrido cinco días desde su aterrizaje en la capital colombiana y hasta el momento su experiencia sudamericana lo había dejado perplejo. Y eso que aún faltaban los dos destinos que estaban presupuestados en su viaje inicial. Buenos Aires y Río de Janeiro esperaban por él. Tanto en Bogota como en Lima no tuvo problemas de comunicación ya que manejaba el español sin ningún problema. Lo había estudiado cuando estaba en la universidad. En cambio, si tenía problemas con el portugués. No sabía casi nada de él, salvo algunas palabras. Por eso, cuando llegó al aeropuerto de Río no supo comunicarse de manera adecuada con los encargados. Parecía un mimo queriendo expresar lo que pensaba. Hacía gala a Marcel Marceu con los movimientos que hacía. Las palabras en ese momento no le servían mucho. Tan solo los gestos. De otro lado, los primeros días de su estancia en tierras brasileras no fueron muy buenos que digamos. En sí, el factor idiomático jugó mucho en su contra. Por eso, tomó una decisión que a la larga le iba a facilitar mucho las cosas en el futuro. Decidió matricularse en uno de los institutos que se especializan en la enseñanza del portugués para extranjeros. Sabía que si no lo hacía su estancia en Brasil no sería muy provechosa que digamos. A los pocas semanas de iniciadas sus clases la situación cambio radicalmente. Ya podía entablar algunas conversaciones elementales en portugués y sobretodo sabía pronunciar de manera correcta y fluida muchas de las palabras que había aprendido durante ese tiempo. Aún le quedan tres semanas más en Río, tiempo suficiente para que pueda aprender los conceptos básicos sobre la lengua portuguesa. El nivel intensivo que está llevando le está ayudando mucho a Pierre para que pueda superar todas las dificultades que en un primer momento se le presentaron. Los días transcurren, y en cada uno de ellos descubre algo nuevo de la cultura y las costumbres brasileras. Esto se lo debe al material empleado en el instituto que estudia. Allí, lo importante es que el estudiante aprenda el portugués desde una concepción que se centre en el aspecto intercultural. Por eso, es que Pierre cuando se vaya de Río podrá decir que no solo conoció la ciudad, sino que también lo hizo con su lengua el portugués y con su cultura.